miércoles, 15 de febrero de 2012

Las hadas llevan botas



 
Aquella tarde Ozzy se fué antes del pub. Se sentía un poco cargado así que decidió dar un rodeo por el bosque cercano, a las afueras de Aston, antes de volver a casa. Estaba anocheciendo y por ese camino tardaría veinte minutos más en llegar a Lodge Road pero no le importó, necesitaba despejarse un poco y el aire fresco le sentaría bien. 
Situado a la entrada del bosque, el sendero se abría paso entre dos filas de árboles, a uno de los lados la vegetación se hacía más espesa y el bosque se desarrollaba hacia el suroeste, pero al otro lado las luces de la pequeña ciudad se filtraban entre las ramas y alumbraban el camino como si fuera un parque.
Ozzy avanzó pesadamente, se puso un cigarrillo en los labios y rebuscó en sus bolsillos, el mechero debió quedarse en el pub, pensó. Se sorprendió al encontrar unas monedas en su chaqueta, las puso sobre la palma de su mano y trató de contarlas pero sumar le suponía demasiado esfuerzo, está muy oscuro, se dijo, no se ve nada. En ese momento tropezó con una raíz y cayó rodando por una pequeña pendiente.
 
Se quedó quieto, encogido sobre su sombra, ¿me he pasado el camino? pensó. Tenía hierba en el pelo y tierra en la boca, escupió, trató de levantar la cabeza y se golpeó con una rama baja.Tragó un poco más de tierra y tosió. De pronto se sobresaltó. Miró entre los arbustos y dio un respingo. Eso es un ojo, se dijo. No puede ser. A dos a palmos de su cara, entre las hojas secas y las ramas, un ojo de pupila dilatada y amarillenta le miraba fijamente. Eso es un ojo. Se fijó en la silueta oscura que rodeaba el ojo y resopló aliviado. Es un bicho muerto, joder, se tranquilizó. No me está mirando, hay un puto bicho muerto en el bosque. Que susto me ha dado. Era un pequeño ciervo. Pero si  estaba muerto qué era ese revuelo a su alrededor. ¿Habrá cazadores por aquí, a estas horas? Oyó susurrar unas voces pero no entendió lo que decían. Le pareció que alguien se movía en la oscuridad y se quedó totalmente inmóvil. Notaba unas sombras de pequeño tamaño moverse alrededor del cervatillo. Serán niños, pensó. Levantó un poco la cabeza para mirar y se quedó helado.
 
Eran hadas. Ozzy abrió mucho los ojos, los cerró con fuerza y los volvió a abrir. Las hadas seguían allí. Pequeñas, de piel pálida con una ligera tonalidad verdosa, danzando bajo un cielo sin estrellas. Iban vestidas con pieles y calzaban botas. ¿Botas? También llevaban cuchillos. ¿Cuchillos? Se fijó en el oscuro charco brillante. Las putas hadas están despellejando al ciervo, pensó. Notó algo a su espalda. Se volvió lentamente. Una de las hadas le estaba mirando. Le miraba con ojos brillantes y sonreía mostrando unos pequeños dientes afilados. Ojos brillantes. Siluetas oscuras. Vió algunas sombras recortadas entre los árboles moviéndose a su alrededor. ¿Algó le tiraba del pelo hacia atrás o se lo había enganchado en una rama? ¿Se había clavado alguna espina en el cuello? Algo líquido le mojó la cara. ¿Ahora se va a poner a llover? Tenía toda la cara mojada pero eso no era agua. Le lloraban los ojos. Ozzy parpadeó y se abrazó a la oscuridad.
 
…………………………..
 
 
Pero yo las he visto, protestó Ozzy. Llevan botas y…
 
Sí, claro tú las has visto, hadas en el bosque…¿y qué hacían? ¿bailar con un enano?
 
No, estaban despellejando un ciervo, pero…
 
Esta vez has ido demasiado lejos, hijo, le dijo el doctor, tú lo único que haces es fumar y colocarte...

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